domingo 22 de noviembre de 2009

Hambre



Después de la advertencia viene el mondongo:

-Barrunto que hay alguien de la Casa Blanca metida hasta el cuello.

-Ya no es un simple suceso, es un tema de ámbito nacional,necesitamos un especialista en Política.

-No les gustaría, están todos ocupados en las elecciones primarias. ¡Además ese chico pierde el culo por el asunto!

¡Sólo lleva en el periódico 9 meses, no me fio de él!

-¡Tiene ambición!

-¿Ha ecrito algo que valga la pena? Las guarradas de los bares, no tiene experiencia...

-¡Sacó muchos trapos sucios!

-¡Chorradas, reportajes del tres al cuarto!

(...)

-Ya he leído el estúpido reportaje que esos chiquitos escribieron sobre el atraco.

-Reconozco que era una gran cagada.

-Entonces qué más quieres... ¿No dijiste tú mismo hace un mes que le ibas a despedir?

-Escucha, se está matando el pobre chico. Los dos. Conoce un montón de gente. Howard, TIENEN HAMBRE, ¿TE ACUERDAS CUÁNDO ESTABAS ASÍ?


Para saborear el periodismo de gozadera hay que estar muy hambriento. Si estás harto, acabas como Howard.

domingo 8 de noviembre de 2009

Informe Robinson: "Ven, que quiero contarte algo"


"Informe Robinson es emoción, es deporte, es sentir el deporte y pasarlo bien".

Aunque Michael Robinson no es periodista, se ha convertido en una referencia del periodismo deportivo español de las dos últimas décadas. A Robinson le ha ido mucho mejor delante de los micrófonos que en el césped porque ha sabido adornar su experiencia y sus conocimientos futbolísticos con un acento muy peculiar y la característica flema británica. Acertó a construir su propio personaje y lo ha vendido mejor que nadie.

Además Michael Robinson, a diferencia de los que manejan el cotarro de los medios de comunicación, supo ver hacia dónde se dirigía el sector de forma nítida, decidió innovar y se lanzó a la piscina. El resultado fue Informe Robinson; la consecuencia (yo no creo en los premios) ha sido el reciente Ondas al mejor programa de actualidad.



A diferencia de otros programas del Grupo Prisa como Callejeros o el esperpéntico programa de Samanta Villar, donde los comunicadores juegan a periodista estrella y mercadean con la información como si vendieran carne picada, Informe Robinson apuesta por la calidad del producto periodístico como referencia. Apuesta por historias hermosas e interesantes, cede el protagonismo a los personajes y cuida que el resultado sea respetuoso con el público, destinatario último de todo eso.


El propio Robinson lo explica mejor:

"El Día Después, partiendo de cero audiencia, porque veníamos de codificado, fue el programa de fútbol más visto durante 15 o 16 años. Entonces, hay un público para ese tipo de programas. Lo hay. Ahora, creo que es un tema que tiene que ver con el respeto por el público. Igual que hablábamos de los árbitros, al público hay que respetarlo. La premisa número uno para un programa de televisión ha de ser plantearse si realmente tiene algo que contar al público. No se trata de ocupar un espacio por ocuparlo. Hay que contar algo. Cuando se tiene algo que contar, hay que plantearse si se quiere contar, porque esto es algo vocacional. Si la respuesta también es positiva, hay que plantearse cómo contarlo. Porque nosotros, y esto siempre se lo digo a quien trabaja conmigo, invadimos los hogares. Yo esto lo he hecho con gente que ha trabajado conmigo. Los he sacado de la oficina y les he llevado a la calle. He señalado las ventanas de los edificios y les he dicho: “Nosotros entramos ahí, vamos a hablar a la abuela, al nieto y a todos los demás. Vamos a entrar en sus casas. Igual que cuando entras en una casa y no conoces a la gente que hay en ella les tratas con educación, exactamente igual hay que hacerlo en televisión. Porque tienes que ser consciente de que tu trabajo va a ser juzgado por esas personas. Es imposible que todos estén de acuerdo con lo que digas, no vas a complacer a todos. Pero lo que sí está en tus manos es tratarlos con la mayor educación posible, porque vas a compartir un rato con esa gente en su salón de estar, en su intimidad. No se debe molestar a nadie en su salón de estar si no tienes nada que contarle".

La definición más acertada de este apasionante fenómeno de los blogs se la he leído a Robinson precisamente:
"Para mí es algo terapéutico. Yo me tomo el café todas las mañanas en una gasolinera y mantengo magníficas tertulias con varias personas allí. El blog es algo parecido. Tiene mucha inmediatez y establece comunicación. Esto me gusta mucho del blog. Es algo íntimo. Es como si hablaras directamente con las personas. Cuando escribo en el blog es como si estuviera susurrando, como si le dijera a alguien: “Ven, que quiero contarte algo".

Eso es periodismo de gozadera: descubrir una historia, rastrearla, encontrar a los protagonistas, preguntarles, escucharles y dejar que sean ellos quienes tomen la palabra, luego revestirla del mejor envoltorio técnico posible y por último decirle a los lectores/espectadores: "¡Ven, que quiero contarte algo!". Eso es lo que Michael Robinson y su equipo hacen, por ejemplo, en el conmovedor reportaje que aparece aquí abajo:



Pero ésto, claro está, requiere tiempo y profunidad, licencias para las que hoy en día no existe tregua en el desquiciado panorama del mercado periodístico. Curiosamente, cuando uno decide lanzarse a la batalla armado con las dos (tiempo y profunidad) suele cepillarse al enemigo. En el peor de los casos muere con las botas puestas.

Para más información: "La muerte de El día después me dolió casi tanto como mi retirada".

miércoles 4 de noviembre de 2009

Periodismo con las botas puestas


Para muchos jóvenes periodistas el asunto laboral está así:

Si el sector de los medios de comunicación va de mal en peor (¡Soitu ha muerto!), ¿quién nos va a contratar? Y en caso de que nos cotrataran, ¿en qué condiciones económicas lo harían? ¿para hacer qué cosas? Algunos reciénperiodistas, incluso, hablan dicen sentirse "putas baratas"; con todo lo que ello implica...

Si perros viejos del periodismo como Arturo Pérez-Reverte o Enric González nombran el asunto, si hablan de la honradez periodística en pasado, es que los jóvenes periodistas no exageran tanto como pudiera parecer. Es que la cosa tiene su chicha:

Pérez-Reverte:

"Ahora, el salario del miedo incluye succionar ciruelos con siglas e insultar a los colegas como si la independencia personal fuera incompatible con el oficio. Secundar a la empresa hasta en sus guerras y disparates. Así, redactores culturales que antes sólo hablaban de libros o teatro escriben también columnas de opinión donde atacan a este partido o defienden a aquél; y hasta el becario que trajina noticias locales debe meter guiños en contra o a favor, demostrando además que se lo cree de verdad, si quiere seguir empleado".

Enric González:

"Si desde el principio te haces disciplinado, por no decir servil, si crees que los jefes tienen siempre razón, si crees que la empresa está por encima de la información, ¡déjalo! Porque no te vale la pena, no te va a compensar. Para llevar una vida ordenada y más o menos burocrática búscate cualquier otra cosa. Si mantienes una actitud un poco ya no de resistencia, pero si de escepticismo frente al poder, si aceptas las incomidades pero también ves lo entretenido que es contar historias, buscarlas y encontrarlas, ¡sigue! es muy entretenido. No comerás de maravilla, pero a veces sí".

"Cuando eres fuerte con los fuertes te lo pasas muy bien, pero te llevas muchas hostias. Si aceptas que en algún momento te caerá una hostia, tendrás momentos de diversión que no te dará ningún oficio. Si eres fuertes con los débiles y débil con los fuertes pues acabarás teniendo una opinión relativamente mala de tí mismo. Y eso tampoco te va a ayudar".


Llegados a este punto, los jóvenes periodistas pueden escoger tres opciones:

1. Seguir succionando ciruelos bajo el régimen del salario del miedo.

2. Dejar de darle a las teclas para enrolarse en el macroejército del Imperio de Amancio de Ortega, hacer las maletas para aprender inglés (otra cosa es lo que hagan; los países de habla inglesa están siendo colonizados por jóvenes españoles) o irse a ordeñar vacas a Nueva Zelanda.

3. Morir con las botas puestas, como haría Pérez-Reverte. Puestos a ciscarnos en nuestras degracias y en los que manejan el cotarro y sus seres más queridos, que sea haciendo algo que nos apasione. Don Paco Sancho lo resume así de bien:

"Si tuviera dinero me lo puliría en un proyecto divertido, apasionante, periodístico y productivo. Me arruinaría, pero a gusto".


Esto no es otra cosa que la "Revolución silenciosa" de la que suele hablar Luis Guinea. No es otra cosa que morirnos de periodismo de gozadera.

Yo me apunto a esta última opción pero ya. ¿Vosotros?

lunes 2 de noviembre de 2009

David Gistau o como hacer interesante una crónica parlamentaria

Lo de David Gistau en el Congreso es lo del Papa y el hipo de García Márquez. Es puro periodismo de gozadera. Si todos los medios van a contar que fulanito dijo patatín de los PGE y que menganito le dijo a fulanita que tarariqueteví del asunto, Gistau habla de los monos de Kubrick y cuenta la histora de una "inverecundia" que, como La Nariz de Gogol, sale corriendo "escaños arriba" y se echa a la calle.

Un debate parlamentario puede resultar muy aburrido o muy interesante, depende de cómo se escriba y de cómo se cuente. Gistau hace de la crónica parlamentaria una pieza muy atractiva porque mezcla actualidad y recorrido con una escritura de rechupete. Y además utiliza como ganchos el cine y, sobre todo, el fútbol; empezando por el título: Barra Brava en el Congreso.

Desmenucemos, por ejemplo, "La espantá del Faisán":

Actualidad: (Caja Madrid y el terremoto de Alcorcón)

Más allá de la anécdota, y de la porra sobre quién caerá primero, Cobo o Pellegrini, la sesión de ayer resultó francamente sosa.


Recorrido: (Bono)


Una vez reducida, inverecundia fue encerrada en la misma jaula parlamentaria donde ya cumplía condena insacular, el palabro que antaño largó Bono para demostrar que un presidente del Congreso no debe permitirse hablar como cualquiera.


Cine: Kubrick y Tarantino


Elena Salgado, que ejercía de vicesobrera, estaba dando una réplica rutinaria al anuncio de Montoro de la decadencia del Estado de bienestar cuando de repente, referida a la oposición, soltó la palabra «inverecundia». Ante ella, los periodistas de la grada se quedaron como los monos de Kubrick ante el monolito. La olisquearon. La palparon con cuidado.




(...) sino que maneja el chivatazo y el esbozo de una policía política como un incordio candente que ha de resolver el ministro del Interior igual que al 'Mr. Lobo' de Tarantino se le encargaba en Pulp Fiction limpiar el escenario del crimen.




Fútbol: El Madrid

(...) la dureza con que Montoro se empleó contra Salgado, como si ahí hubieran descubierto los populares a un carrilero desbordable como Marcelo contra el cual sería fácil hacerse una reputación (...)





Si fuese consultor de prensa o eso ahora tan de moda que algunos llaman gurú y me preguntaran qué soluciones se me ocurren para remediar la crisis del sector respondería algo así: "Ponga un Gistau en su medio y dele protagonismo".

Si me preguntasen que quiero ser de mayor mi respuesta sería: "David Gistau".

jueves 29 de octubre de 2009

Tiempo, profundidad y libros


Esta maravillosa charla magistral de Enric González en Caspa TV disecciona el periodismo de hoy en día a través del tiempo y la profundidad que se les dedica:

"El mejor periodismo es el de quien puede estar un mes, dos meses, tres meses, lo que haga falta para una buena historia. Una buena historia que probablemente te lo explicará todo. Porque no hace contar todos los datos, explicar todas las situaciones, o explicar el Universo. No. Hay historias que son bastante reveladoras... si las trabajas bien. Hace falta tiempo; antes se tenía más tiempo. Arturito Pérez-Reverte siempre explica que cuado trabajaba en Pueblo se iba a África y nadie sabía nada de él hasta que volvía al cabo de uno, dos tres meses con una, dos, tres historias y algunas fotos que se publicaban en portada un día. Tal cosa pasa porque hay una guerra allí que no se qué... Vale, eso era trabajar mucho mejor que lo que hacemos hoy. Porque permitía que alguien se sumergiera en un determinado contexto y lo viera desde dentro (...)"

"El mejor periodismo ahora se hace en libros porque la prensa escrita ha renunciado a la extensión y a la profundidad. Por alguna razón la industria ha supuesto que el lector de periódicos es un tipo al que no le gusta leer, lo cual suena un poco contradictorio. Si no le gusta leer no lo comprará aunque hagas textitos de diez líneas. Se supone que sí debería ser alguien que quiere leer. Parte de la profundidad que tenían los periódicos, que antes daban textos más largos y exhaustivos, menos atados a la actualidad, se han pasado a los libros. Ahora hay libros periodísticos fantásticos. Por supuesto cualquiera de Kapuściński es maravilloso. Pero hay muchos otros que se hacen ahora mismo. ¿Por qué? Por que la prensa escrita ha renunciado a esa profundidad. Acaban en libros y esos libros no se venden masivamente pero están ahí. Todas las historias acaban saliendo. No se hacen masivas, simplemente son para un pequeño segmento que se molesta en leer esos libros. Pero a eso ha renunciado la prensa escrita, con lo cual se está quedando en un terreno de nadie entre lo inmediato -y ahí los nuevos medios les dán sopas con hondas a los tradicionales- y lo duradero que son los libros. ¿Para qué sirve ese intermedio de la prensa escrita? Pues no está claro".

Al hablar de tiempo, de profunidad y de libros "periodísticos" me han asaltado los nombres de David Beriain y de Ander Izagirre, dos periodistas que hace tiempo desenfundaron sus yemas y comenzaron a teclear contracorriente para contar buenas historias a los demás.

Inexplicablemente ni uno ni otro cuenta con el apoyo decidido de ningún medio de comunicación para difundir y enriquecer su trabajo. "¿Para qué sirve ese intermedio de la prensa ecrita?" Parace ser que para muy poco, para casi nada.


Posdata: Foto de Ander Izagirre (Vespaña)

jueves 22 de octubre de 2009

El Mundo (.es), ¿adalid de la libertad de prensa o constante oportunista?



La fiesta de 20 cumpleaños de El Mundo, me ha refrescado este reportaje sobre Juan Luis Cebrián publicado en Esquire. Para el Consejero Delegado del Grupo Prisa:

"El Mundo no responde a una concepción de la convivencia ni de la vida. Responde a toda clase de oportunismos constantes y ése es uno de los problemas que tiene. El País responde a una concepción de la profesión muy definida. Tiene unos principios editoriales e internacionales que te pueden gustar o no, pero que son muy estrictos. Eso es lo que nos ha dado coherencia todo este tiempo".

Hoy mantengo la misma postura de entonces: Hablar de los "estrictos" principios editoriales de El País resulta cuanto menos desafortunado si aceptamos que la Verdad, condición sine qua non para hablar de Periodismo limpio, no siempre está del mismo bando. Que la Verdad se eleva por encima de cualquier línea ideológica.

La información veraz no es una cuestión de gusto, es una cuestión de obligación y de necesidad; y respetar la verdad de los acontecimiento implica una revisión de los principios ideológicos de cada cual. Pero nunca implica una falta de concepción de la convivencia ni de la vida.

La información veraz, sin ataduras, es la concepción a la que puede, y debe, responder un medio de comunicación. Y esta conducta implica criticar los errores de un gobierno u otro independientemente de las siglas que ocupen La Moncloa.

Más que un constante oportunista, como lo califica Juan Luis Cebrián, pienso que El Mundo, como le he leído a don Paco Sancho, es el "adalid de la libertad de prensa" de la España democrática.

martes 20 de octubre de 2009

Necrológicas, Siberia y esencia del periodismo

La muerte de M.M.M, alguien al que tenía cariño, me ha recordado ese diálogo de Closer en el que Jude Law le cuenta a Natalie Portman que trabaja en la "Siberia del Periodismo" haciendo necrológicas.

El término Siberia me parece muy recuerrente porque, aunque creo que Law se refería a la soledad o la lejanía a la que está condenado el periodista que escribe necrológicas, el nombre también implica frío. Y conocer la muerte de un ser querido me produce un desagradable escalofrío.

Siberia puede hacer referencia, incluso, a la "frialdad" que requiere el periodista de necrológicas (hay quienes las tienen escritas aún en vida de los destinatarios) y que Antonio Tabuscchi aborda de manera entrañable en "Sostiene Pereira". (Quizás Giacomo pueda traducirnos)



No conozco a ningún periodista que escriba necrológicas y durante la licenciatura no estudiamos el género. Recuerdo, sin embargo, una clase de Edición en la que Miguel Ángel Jimeno nos contó que necrológicas era la sección mejor remunerada de la prensa norteamericana.

En la prensa española me consta que no sucede lo mismo a pesar de que, a menudo, podemos leer obituarios muy bien escritos. Alfredo Martín-Gorriz describe la situación de manera brillante:

"Que la sección necrológica sea una de las más frescas del periodismo actual hace reflexionar sobre el carácter de una profesión que se ha vulgarizado a pasos agigantados conforme los medios de comunicación han ido adquiriendo más y más poder. Afortunadamente, parece que los que controlan estos medios todavía no se toman en serio todas las secciones. Aquellas que se libran de la adustez y paranoias de los consejeros-delegados se convierten en oasis donde todavía es posible un periodismo con cierta vida, aunque sea, como en este caso, gracias a la muerte. Si Chesterton levantara la cabeza…"
Si el periodismo es, como contaba Chesterton, "decir Lord Jones ha muerto a la gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo" podemos afirmar que, siguiendo a Martín-Gorriz, "la sección de obituarios contiene actualmente la esencia del periodismo".